JORDI ÉVOLE REQUENA

“El periodismo empieza a tener tan poco que perder, que está perdiendo hasta el miedo”

Una España retratada desde un punto de vista cercano y accesible al ciudadano es lo que ofrece este periodista a través de su formato en televisión y que le ha llevado a hacerse con el Premio Internacional Manuel Vázquez Montalbán.

Diez años han pasado desde que uno de los referentes del periodismo y de la literatura española, Manuel Vázquez Montalbán, dejará como legado una vasta obra que lo definían como ensayista, humorista, poeta, gastrónomo, crítico, culé y un enamorado de su ciudad natal, Barcelona. Él mismo se definía como un superviviente que nació en época de posguerra y que se convirtió en unos de los testimonios más importantes del final del franquismo y de la etapa de la transición. En su memoria, cada año desde 2004 se otorga el Premio Internacional de Periodismo que lleva su nombre y que distingue de alguna manera a aquellos profesionales que comparten una de las grandes habilidades de Montalbán, la de volver sobre los personajes y sacar de ellos un valor distintivo que hasta entonces no había salido a la luz. Y el premiado de 2013 tiene sin duda esta cualidad, no quizás desde la prosa de un escritor condecorado pero si desde la perspectiva de un ciudadano más que sabe llegar a todos los públicos sin arrogancia, con simpleza y cercanía. Si Vázquez Montalbán supo retratar a la perfección las sensibilidades de la España de la transición, Jordi Évole ha hecho lo mismo pero en la época de la democracia.

Entre esmóquines y pajaritas la figura de Évole destaca de una forma especial, no por su fisionomía sino por su look. Él marca la diferencia, sigue siendo ese chico de barrio nacido en el Cornellá de los 80 criado en el seno de una familia humilde, su madre era charcutera y su padre representante de muebles, y quizás sea esa una de las razones por las que cambia  ir de etiqueta por una camisa de cuadros y unas deportivas que le hacen parecer un tipo inofensivo a simple vista. Desde muy joven la pasión del periodismo se respiraba en su casa, la prensa no faltaba ningún día y un silencio sepulcral se apoderaba del salón a la hora del Telediario. “Mi padre era un amante del periodismo, escribía para la revista Destino por el amor a contar una historia. Lo vive con más pasión que yo”, dice el periodista.

Su vocación lo llevó a estudiar Comunicación Audiovisual y empezó trabajando como locutor de partidos de tercera regional en Radio Cataluña, después Telecinco y la cadena Ser. Pero el personaje que mostró su potencial llegaría de la mano de Buenafuente y no sería otro que el famoso Follonero, ese joven del público cuyo objetivo era interrumpir e incordiar tanto al presentador como a los invitados del programa. Cinco temporadas con este papel fueron suficientes para que el Jordi alborotador y destinado al entretenimiento se convirtiese en un periodista capaz de hacer una radiografía de España como no lo había hecho nadie hasta entonces, a través de Salvados con el que alteró las reglas de la relación periodista-entrevistado. Sin tintes políticos, sin líneas ideológicas impuestas por los medios, con un periodismo quijotesco que no responde a intereses de ningún tipo y gracias a su inteligencia capaz de combinar el periodismo con el humor sabiendo priorizar el rigor informativo sobre las risas se ha convertido en una referencia periodística que como decía Elvira Lindo “es capaz de contar un gran escándalo sin perder la sonrisa y la inocencia”.

Visto desde fuera como el “Michael Moore español” por el prestigioso The New York Times o como “un Tintín que nunca renuncia ni retrocede” por Liberation, Jordi Évole ha sabido leer la necesidad de los ciudadanos para convertirse en uno más aunque un poco más terco e insolente que utiliza como nadie el poder de la hemeroteca y el arte de la repregunta para retratar a cualquier personaje.

En épocas convulsas se han visto envueltos Montalbán y Évole, culés y amantes de sus raíces y con la suficiente determinación para hacer saber que en el riesgo está la clave del éxito y que el miedo no forma parte de sus valores. Unos principios que plasmados de una forma más literaria o más televisiva tienen un denominador común, ofrecer al ciudadano una información real.

Fdo: Fran Álvarez Sánchez

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